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Palencia 1972. Valeriano Polo y
Monserrat Fraile ponían el pilar de lo que sería una aventura
familiar y empresarial que con los años se convertiría en lo que hoy
es V. Polo Monse, S. L. Y como en todo tipo de aventuras,
desempeñaron un papel a partes iguales, el tesón, el esfuerzo, la
lucha y el carácter emprendedor de un matrimonio. Valeriano y Monse
llevaban dos años en Palencia. Él, con 27 años, trabajaba como
pastelero en la Panadería La Flor. Ella, secretaria de 18 años,
cuidaba a su hija pequeña en casa y aguardaba pacientemente que su
marido llegara de su larga jornada de trabajo. Un día, harta de que
el perfeccionamiento de Valeriano le impulsara a trabajar más horas
de las debidas en la panadería le animó a que dedicara ese tiempo a
un negocio propio.
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Formación no le faltaba. Criado en el
seno de padres pasteleros de la vallisoletana calle la Cebada,
comenzó a trabajar a la edad de 8 años y ya no paró de hacerlo hasta
los 16, edad en la que decidió que lo había aprendido todo de su
padre y era hora de conocer nuevas formas de hacer pastelería. Dicho
y hecho, hizo la maleta y recorrió España en busca de las mejores
fórmulas; recorrió obradores de Gijón, Oviedo, León, Medina del
Campo y San Sebastián, casi siempre por el jornal de los de antes,
un ridículo sueldo, cama y comida.
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Una gran
ilusión y tenacidad fueron los pilares de ese negocio, puesto que dinero no
había y lo que obtuvieron fue gracias a avales personales de amigos que sabían
lo trabajador que era la pareja; ellos mismos con sus manos tuvieron que adecuar
lo que era un domicilio particular para transformarlo en un establecimiento de
cara al público. Esa decisión de tener un negocio propio es el origen de la
primera Pastelería Polo en Modesto Lafuente. Obrador y tienda compartían local,
Monse se ocuparía de los clientes y Valeriano de endulzarles los paladares.
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Desde el principio la idea del
matrimonio es ofrecer un producto y un servicio de primera calidad.
Pronto, los abisinios de crema, una amplia variedad de surtido de
pasteles, pastas de té y tartas se hicieron famosas y se constituyen
en indiscutible referente para los postres y desayunos de la
sociedad palentina del mejor gusto.
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El tremendo éxito obligó a
ampliar las instalaciones de las dos actividades, comercial y productora. Trufas
de chocolate, croissants de mantequilla; los primeros muses que desplazan a
yemas y mantequillas se convierten en un aliciente más para que el cumpleaños de
un hogar no sea completo sin una tarta de Polo. En 1978 la demanda de los
palentinos obligó a abrir otra tienda en el señorial barrio de Bigar Centro,
enclavada en un área de clientela joven.
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En esa
década se fueron incorporando nuevos productos a nuestros mostradores con
cafetería degustación, pastelería salada, repostería fina, helados, bombones y
productos típicos de Palencia.
En Diciembre de 1984 se inaguró la tienda de Jardinillos, concebida para dar
cabida más cantidad de especialidades y público, habilitada con espacios
más exclusivos para la celebración de eventos familiares y actos sociales y
profesionales.
A lo largo de los años 90 se incorporaron paulatinamente las hijas del
matrimonio: Monse, Marta y Miriam Polo, participando paulatinamente en la
gestión del negocio familiar. Aportan, por un lado, su formación y preparación
más completas, nuevas perspectivas, nuevas ideas, pero sin olvidar que la
esencia tradicional de Pastelería Polo, la clave de su éxito eran y siguen
siendo, calidad y servicio.
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En la actualidad, Pastelería Polo sigue haciéndose día a día.
Un esfuerzo que se pone de manifiesto en el volumen de negocio que no ha
dejado de crecer. El obrador no da abasto para la cantidad y variedad de
pedidos que se hacen. Ya está en marcha la construcción de otra fábrica, de
mil metros cuadrados repartidos en dos plantas, más moderna, con los mejores
y más innovadores adelantos tecnológicos. Con mayor capacidad, con un
equipamiento mucho más moderno, donde tendrá cabida la fabricación de todos
los elaborados que nos caracterizan, garantizando toda la frescura, el aroma
y el sabor de la repostería recién hecha; y la incorporación de nuevas
líneas de negocio. Introduciéndose, por ejemplo, en el mundo de la
restauración y catering, y en la producción de bombones, helados y dulces
para la venta a terceros.
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Este ya es el V.
Polo Monse del siglo XXI. Una empresa que ya ha cumplido 36 años.
Una experiencia de la que pocos pueden presumir y que para
Pastelería Polo constituye, además de un orgullo, un estímulo para
seguir trabajando.
No hemos
descuidado ni un instante esos cimientos que nos vieron crecer y que
hicieron ganarnos la confianza de nuestros fieles clientes. Una
aventura familiar apasionante que ha integrado ya a diversas
generaciones, un vínculo extraordinariamente fuerte entre aquella
vieja generación gremial, en la que la experiencia y el saber se
pasaba de padres a hijos, y los más avanzados conceptos de gestión
empresarial. Una sola idea a través del tiempo.
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